ADIÓS AL 7° DE LÍNEA: CHILE EN UNA MARCHA AL MUNDO

Por Simón Cerda-Parga.

Mié. 26 de febrero 2025

ADIÓS AL 7° DE LÍNEA: CHILE EN UNA MARCHA AL MUNDO

*Se recuerda y agradece anticipadamente, citar el presente material bajo las normas establecidas en caso de consideración para trabajos externos a los del Equipo Bandas Militares de Chile. Toda labor investigativa es gratuita y particular, mas se valora el reconocimiento de la fuente.

 

Motivos para componer o escribir música jamás faltarán. Las motivaciones pueden llegar en lugares y momentos poco adecuados: como en un paseo familiar; durante una guardia; en una salida al cerro… pero lo que no se puede negar, es que al momento que llega, sea el motivo que sea, hay que dejar apunte de lo que se quiere escribir.

 

La tristeza y la melancolía es una de las inspiraciones más recurrentes en la música. Ejemplos hay de sobra, pero el enfoque particular de esta historia corresponde a una de las marchas más emblemáticas y patriotas jamás escritas en suelo nacional, y que por su melancolía y heroísmo, es interpretada en Colombia, Panamá y otros países: no es más que “Adiós al 7° de Línea”.

 

La historia de esta marcha canción es muy compleja, así como definir su letra lo es más todavía. Tiene autoría compartida por dos compositores: el Mayor de Ejército don Gumersindo Ipinza González y el Sargento 2° Luis Manuel Mancilla.

 

Corría el año 1877, cuando desde el Ministerio de Guerra y Marina llegó notificación a los Cuerpos de Infantería sobre una medida de reorganización de las unidades. El día 24 de abril de ese año, el Ministro Belisario Prats firmaba el decreto de disolución del Batallón 7° de Línea “Carampangue”, para que, sobre sus bases, se organizara el primer Batallón de Zapadores. ¿La finalidad? Potenciar la agricultura y sistema de caminos, industria y desarrollo del Biobío. Su primer comandante fue el Teniente Coronel Gregorio Urrutia. Como era de esperar, estas medidas aunque van en pro del desarrollo, siempre dejan un gusto amargo por el significado que poseen: dejar atrás las glorias de un regimiento histórico que tanto ha entregado a la Patria y que, de paso, venía de recién haber terminado su campaña en la Pacificación de la Araucanía. Ese pesar, ese sentimiento, fue adquirido por los músicos de la unidad.

 

Para despedir a su querido Batallón, el Tambor Mayor de la unidad, el entonces Cabo don Luis Mancilla, se pone en labores de composición con el soldado músico Gumersindo Ipinza. Mancilla se encarga de desarrollar la música, además de instrumentar y arreglar. Ipinza, por su parte, compuso la letra y la idea del tema principal. Para la fecha, ambos no superaban los 30 años, teniendo Ipinza 23 al momento de componer.

 

Su estreno fue el 12 de mayo de 1877, posterior a otro decreto que establecía la permanencia de la Banda del Carampangue para el Zapadores. En la ceremonia, que se llevó a cabo en la Plaza de Lumaco, el Batallón Carampangue pasaba a ser el Batallón Zapadores de acuerdo a su decreto fundacional del 24 de abril, siendo interpretada por primera vez la marcha bajo el título “Mi Adiós al 7° de Línea” como una forma de despedir a la vieja y querida unidad.

 

La composición original tiene varias características que la distancian de la versión que se conoce al día de hoy.

 

En primer lugar, la letra es totalmente distinta: durante los años 30 y en un sentimiento “de amistad” hacia los vecinos, posterior al proceso plebiscitario que devolvió Tacna a Perú, el maestro José Goles escribió una letra totalmente distinta que es la que actualmente se canta. La letra original, o lo más cercana a ello conocido, corresponde a la recuperada por el maestro Vicente Bianchi, la cual es concordante con el manuscrito de la obra y la letra que posee el compositor Guillermo “Willy” Bascuñán.

 

Otro aspecto distinto a la versión actual, es que la marcha se compuso en tonalidad de do menor, con algunos cortes en el tema principal y sin la famosa “cuadratura a los cinco golpes del bombo” que hoy posee. Además, la frase “para siempre, para siempre en su memoria guardarán” sufre la repetición de las palabras “su memoria”, entre otras diferencias.

 

La obra fue muy aplaudida y por casi tres años quedó en el olvido; esto porque durante la Guerra del Pacífico, se formó una unidad cívica que posteriormente recibió la denominación del 7° de Línea; y posterior al Combate Naval de Iquique, en honor a la Esmeralda de Prat, la unidad se llamó “Batallón Esmeralda”. Vale destacar que esta unidad no tiene absolutamente nada que ver con la unidad original, y su denominación “7° de Línea” fue durante el transcurso de la guerra.

 

A pesar que uno de sus autores, el Maestro Ipinza, se enlistó en el Aconcagua y posteriormente fue destinado al Atacama como jefe de banda, y el ahora Sargento Mancilla fue trasladado como Jefe de Banda del Granaderos a Caballo, ambos, en común acuerdo, decidieron regalar la obra como himno del Esmeralda 7° de Línea, corriendo por parte de Mancilla los arreglos instrumentales, cambio de tonalidad a si bemol menor, y cambios en la letra, transformando la marcha en una pieza fúnebre y con letra que hacía alusión a una soldado que se marcha a combatir dejando a su amor, su suelo y que durante el combate, una vez en la guerra, pierde a su compañero.

 

La marcha se hizo más famosa, y las otras unidades del Ejército decidieron encomendar a sus Jefes de Banda componer obras similares a la del 7° de Línea. Ejemplo de ello, es cuando en Julio de 1879, el batallón 2° de Línea cambia el título de la marcha “adiós al séptimo” por “adiós al segundo”, permitiendo que para evitar confusión y crear sentimiento de identidad, se compusiera la que hoy en día escuchamos en el Regimiento Maipo: “Adiós al 2° de Línea”, cuyo autor podría ser David Yrarrázabal o Gervasio Pérez.

 

Los complejos años de la Guerra del Pacífico quedaron atrás, y posterior a la Guerra Civil de 1891 nuestros autores tenían distintos rumbos: Gumersindo Ipinza llegó a ostentar el grado de Mayor en el Atacama, participando en el bando Revolucionario y en actividades con los círculos de Veteranos del 79, siendo director de bandas municipales en Coquimbo. Por su lado, el Sargento Mancilla no se sabe a ciencia cierta de su paradero, salvo que además de esta marcha compuso: “Adiós al 4° de Línea”, la marcha fúnebre “Chacabucanos”, y la marcha satírica “El Tirano”.

 

En 1892, la editorial Casa Amarilla publica una reducción para piano de la versión original de “Mi Adiós al 7° de Línea”, con base al manuscrito que el mismo Mancilla entregó en abril de ese año. En esos mismos años, más tarde, la misma editorial publica la versión en Si bemol menor con reducción de David Espinoza, manteniendo la letra adaptada por Mancilla. No es hasta los años 30, cuando el destacado compositor José Goles reestructura de manera notable la obra y perdurando hasta nuestros días. El canto de Goles empieza con la célebre frase “Bizarro Regimiento, llegó la hora del Adiós”, con tonalidad en si bemol menor según lo arreglado por Mancilla y con una entonación coral que más adelante fue modificada por el maestro de coros Ricardo Fabregat, dejando grabación de esta versión en los primeros discos 78RPM del Ejército.

 

Para el centenario de la Guerra del Pacífico, la Banda de Conciertos del Ejército de Chile grabó la versión de Goles con el acompañamiento del Coro de Vicente Bianchi, siendo la versión que más se ha interpretado al día de hoy. Posteriormente, diversos músicos han realizado adaptaciones a la marcha, cambiando el tono, agregando variaciones a las maderas, modificando el acompañamiento, etc; permitiendo que existiera una diversidad de arreglos a disposición de las bandas.

 

A pesar de los cambios, la fama de esta marcha ha trascendido fronteras. Debido a las influencias, instrucción e intercambio cultural-militar, los oficiales chilenos que se desempeñaron como instructores en países vecinos en la región Latinoamericana, han podido “heredar” esta marcha a Ejércitos como el de Colombia o también a Panamá. Colombia interpreta “Adiós al 7° de Línea” según los arreglos de Armando Monrroy, primeramente con interpretaciones a cargo de la Banda de la Guardia Presidencial la cual fue interpretada con posterioridad por el Ejército a modo general, siendo hoy en día interpretada por la institución y bandas civiles colombianas. Del mismo modo, en Panamá las bandas del Ejército suelen interpretar la obra, así como también diversas bandas civiles o municipales. De este modo, “Adiós al 7° de Línea” es una de las pocas marchas chilenas que se interpretan en el extranjero. Otras marchas nacionales que se tocan en países vecinos son “Brazas a ceñir” (Ecuador e Inglaterra), “Clarín de Gloria” (Ecuador y Colombia), “Al desfilar por la Ciudad” (Ecuador), “Ya se van los nuevos oficiales” (Ecuador, reemplazando “oficiales” por “policías”), “T-34” (Ecuador) y “Piocha Verde” (Colombia); entre otras.

 

Durante el último tiempo, y para hacer justicia en recuperar la verdadera esencia de lo que fue compuesto, los compositores Simón Cerda-Parga (“Piocha Verde”, entre otras) y Willy Bascuñán  (“Los Viejos Estandartes”, entre otra) junto con el investigador y especialista en la Guerra del Pacífico don Mauricio Pelayo, han unido esfuerzos para traer de regreso la versión original de la pieza. Por un lado, Cerda-Parga (quien posee copia del manuscrito y las distintas versiones musicales en partituras) se encargó de reconstruir la partitura según lo compuesto, armonizando e instrumentando de acuerdo al estilo de la época; mientras que Bascuñán, por su parte, se encargó de reconstruir la letra original según los himnarios que posee luego de su paso por la Escuela Naval y lo estudiado de la historia del himno. Finalmente, Mauricio Pelayo entrega el respaldo histórico y contexto de la obra y sus autores para brindar un marco de verdadero reconocimiento a estos autores músicos y Veteranos del 79.

 

La música militar chilena está llena de pasajes y obras cargadas de melancolía. No es para menos: somos un país que tiene una historia cargada de hechos bélicos, en donde nuestros soldados, independiente del contingente, han sabido siempre responder en pro de la Patria. “Adiós al 7° de Línea” es una marcha emblemática: todas las Fuerzas Armadas y de Orden la interpretan, y cada 9 y 10 de julio, para el Día de la Bandera o para los Juramentos, se puede escuchar esta marcha de fondo acompañando el sagrado juramento que año a año realizan nuestros soldados. No hay soldado o patriota que no se emocione con la música del 7° de línea. Es por lejos, junto con el Himno Nacional y el Himno de Yungay, lo más importante que existe en el repertorio histórico de la música nacional.

 

Por último, al tratarse de una obra compuesta por Veteranos del 79, nuestro deber es recodarlos siempre, porque como dice Pelayo: “Un hombre muere cuando se le olvida”.

 

Fuentes:

  • Varas, J. (1885). Recopilación de Leyes i Decretos Supremos Concernientes al Ejército. Santiago de Chile. Editorial El Progreso.
  • Naveas, V. (2011). Gumersindo Ipinza, Adiós al Séptimo de Línea y el Regimiento. Recuperado de documento en PDF.
  • Partituras: “Adiós al 7° de Línea” (1892, 1907 y ca.1934)
  • Mancilla, L. (1892). Adiós al 7° de Línea. Manuscrito digitalizado.
  • Diego Cañas. Músico e instructor de bandas colombiano. Consultas directas.
  • Guillermo “Willy” Bascuñán. Compositor musical chileno. Consultas directas.